Cuando hablamos de biodiversidad, a menudo olvidamos que no todas las especies llegan al país por casualidad. Algunas se introducen accidentalmente o a propósito y terminan desbordando los ecosistemas locales. Eso es lo que llamamos especies invasoras: organismos que, fuera de su hábitat natural, compiten con la flora y fauna autóctona y pueden causar daños graves.
En Chile, la variedad climática –desde el desierto de Atacama hasta los bosques patagónicos– crea oportunidades para que distintas especies se establezcan. Sin embargo, cuando esas criaturas no tienen depredadores naturales, su población crece rápidamente y altera procesos como la polinización, la fertilidad del suelo o la disponibilidad de agua.
Entre las más problemáticas está el Acacia dealbata, un árbol originario de Australia que se ha extendido por la zona sur, formando densos bosques que desplazan arbustos nativos. Otro caso típico es la liebre europea (Oryctolagus cuniculus) en la Región del Maule, que daña cultivos y erosiona el suelo.
En la costa, la alga Kappaphycus alvarezii, introducida para la acuicultura, se ha convertido en una capa densa que reduce la luz disponible para otras especies marinas. También vale mencionar la avispa asiática (Vespa velutina) que ataca colmenas de abejas silvestres y domésticas, poniendo en riesgo la polinización de muchas plantas.
La buena noticia es que todos podemos contribuir. Primero, evita comprar o plantar especies catalogadas como invasoras; revisa listas oficiales del SAG (Servicio Agrícola y Ganadero). Si ya tienes alguna planta dudosa en tu jardín, informa a la municipalidad para que la retiren de forma segura.
Si observas animales fuera de su zona natural, no los liberes sin consultar a un experto. En muchos casos, el traslado irresponsable acelera la invasión. Además, participa en jornadas de limpieza o control organizadas por ONGs locales; suelen requerir manos extra para cortar raíces o eliminar nidos.
Otro paso sencillo es compartir información con vecinos y amigos. Cuando más gente reconozca los signos de una especie invasora, más rápido se detecta y actúa. Usa redes sociales para difundir fotos y datos; la detección temprana salva recursos y tiempo.
En resumen, las especies invasoras no son un problema lejano; están presentes en nuestras ciudades, campos y costas. Conociéndolas, evitando su propagación y colaborando con autoridades, podemos proteger la biodiversidad chilena y mantener nuestros paisajes únicos para futuras generaciones.
La araña Joro, originaria de Asia oriental, se está extendiendo rápidamente por Estados Unidos. Caracterizada por su gran tamaño y color amarillo brillante, es inofensiva para humanos y animales domésticos. Puede 'volar' mediante hilos de seda y es probable que aparezca en estados como Nueva York y Nueva Jersey en el verano.
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