Si alguna vez has sentido fiebre, dolor o esa sensación de estar "enfermo", probablemente hayas tenido una infección. No hace falta ser médico para entender que el cuerpo reacciona cuando un virus, bacteria u otro microbio intenta entrar. Lo bueno es que reconocer los signos a tiempo y seguir algunos pasos simples puede marcar la diferencia.
Los síntomas varían según el tipo de agente, pero hay indicadores comunes: fiebre, cansancio, dolor localizado (como garganta o oído), enrojecimiento e inflamación. Si notas que una herida se vuelve roja, caliente al tacto o empieza a supurar, es señal de que los gérmenes están trabajando. En casos respiratorios, la tos persistente y la congestión pueden indicar una infección viral o bacteriana.
Otro detalle importante es el cambio en tus hábitos: pérdida de apetito, sudoración nocturna o diarrea repentina también son pistas. No esperes a que los síntomas empeoren; si algo te parece fuera de lo normal, consulta a un profesional.
La prevención es mucho más fácil de lo que parece. Primero, lávate las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos, especialmente antes de comer o después de estar en lugares públicos. Si no tienes jabón a mano, un desinfectante a base de alcohol sirve.
Mantén tus espacios limpios: los pomos de puertas, teléfonos y teclados acumulan bacterias. Un paño con alcohol al día es suficiente. Cuando estés enfermo, evita el contacto cercano con otras personas, usa mascarilla si vas a lugares cerrados y cubre la boca al toser.
Alimentarte bien también ayuda. Frutas, verduras y alimentos ricos en vitamina C refuerzan tu sistema inmunológico. Dormir entre 7 y 9 horas cada noche permite que el cuerpo recupere fuerzas y combata los invasores.
Si tienes alguna condición crónica como diabetes o asma, sigue al pie de la letra las indicaciones médicas y mantén tus controles al día. Estas personas son más vulnerables a complicaciones por infecciones.
En caso de una herida, limpia con agua y un antiséptico antes de taparla. Cambia el vendaje regularmente y observa cualquier signo de infección. Si la zona se vuelve roja o dolorosa, busca ayuda profesional.
Finalmente, mantén tus vacunas al día: la gripe anual, el tétanos y otras según tu edad y riesgo. Las vacunas entrenan a tu cuerpo para reconocer y neutralizar agentes antes de que causen enfermedad.
En resumen, estar atento a los síntomas, mantener buenas prácticas de higiene y cuidar tu salud general son las claves para evitar infecciones. No subestimes una pequeña molestia; actúa rápido y consulta si tienes dudas. Así protegerás no solo a ti, sino también a quienes te rodean.
El Seremi de Salud de la Región Metropolitana confirmó un caso importado de cólera en un menor que viajó al extranjero en mayo. La investigación sobre el lugar exacto donde contrajo la infección continúa. Las autoridades están enfocadas en identificar todos los posibles focos de contagio y contactos para prevenir la propagación.
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